
Ramas que se entretejen en un laberinto leñoso,

Árboles que acaban por conformar una espesa y particular techumbre que proporciona sombra a rebaños y pastores, agricultores y caminantes.

(Fotografías de Ana M.R.)





Benidorm. Nos quedamos atónitos ante la panorámica tan chocante que ofrecía esta ciudad. La impresión fue la de toparse con una ciudad que un mago travieso o una fuerza extraterrestre había situado en aquel magnífico rincón del Mediterráneo, tan ajenas nos parecían aquellas vistas a todo el entorno y a sus encantadores poblaciones vecinas. Era Manhattan colocado en medio de un portal de Belén.
Allí teníamos previsto embarcar a las 20'30 en el Ferry Manuel Azaña. Esperando su partida paseamos por algunas callejuelas próximas al puerto, tomamos un helado y descansamos un rato en un parque infantil donde Beatriz disfrutó columpiándose. Después aprovechamos para sentarnos a orilla del mar, perdiendo nuestra mirada en un horizonte tras el cual se hallaban las islas que nos acogerían poco tiempo después.